jueves, 06 de enero de 2011

POR NUESTRA CIUDAD - POR NUESTRO EQUIPO

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PRINCIPAL   BIENVENIDO A LA PEÑA BÉTICA - BOMBEROS DE SEVILLA 
FUNDADA EL 12 DE SEPTIEMBRE DEL 2007
 

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    PARA RICARDO LLAMAS    


CARTA A RICARDO LLAMAS, DE SU YERNO SEVILLISTA
 

Cuando ví en la página web “Peña Bética Bomberos de Sevilla” el recordatorio a Ricardo Llamas (a título póstumo), entendí que unas frases de su único yerno sevillista sería un bonito homenaje de todos aquéllos (béticos y sevillistas) que tanto le queríamos, y que podría quedar para siempre en la memoria de todos nosotros. Bien es verdad, que es muy difícil expresar en palabras el sentimiento de afecto y cariño que todos le tenemos, y que esta carta es personal y subjetiva, pero creo que merece la pena, y lo voy a intentar.

Como cualquier historia, hay que empezar por el principio, y éste fue cuando conocí a su hija Milagros, allá por los años 70, sin saber que años más tarde yo formaría parte de esa familia. En aquella época yo era un proyecto de médico, y tampoco sabía cuánto me iba a implicar en la historia médica de Ricardo. En poco tiempo decidimos nuestro noviazgo, y sin solución de continuidad Ricardo entendió que yo era una buena pareja para su hija. Pero había un problema: mi sangre sevillista. ¡Y yo me iba a meter en una familia más verderona que el césped del Villamarín! Nada más lejos de la realidad. La aceptación fue completa, e incluso cuando hablaba del Sevilla, nunca tuvo una palabra de descrédito o falta de respeto, e incluso, creo que n los últimos años, se hizo hasta un poco del Sevilla (por lo menos un 1%)
         

En aquellos años lo que puedo recordar es su trabajo como Director y Profesor de la autoescuela que lleva su nombre, sus varios coches, su amistad con todo el mundo del barrio de Triana, y los problemas que me contaba de una pequeña empresa. Me es grato recordar cuando íbamos a un bar de la calle Rodrigo de Triana, donde todo el mundo le conocía y saludaba, su tinto, su mosto y su tapa de gambas, y la compra diaria de cupones y lotería, que por cierto nunca le tocó (que yo sepa).
          Pero, inexorablemente el tiempo va pasando, y yo me convertí en un médico especialista de hospital, y Ricardo en jubilado, … y abuelo de su primera nieta (Patricia), casualmente hija mía, a la que sucedieron más nietos y nietas, con el paso de los años, de los que estaba muy orgulloso. He de decir que a Patricia casi le criaron mis suegros en esos primeros años, y quizá por dicho motivo la hicieron bética, al igual que a mi segundo hijo, no así al tercero, que definitivamente es sevillista.

En todos estos años que se iba ampliando la familia, estaba claro que era con lo que más disfrutaba y siempre estaba deseando que se organizara alguna comida familiar para poder estar todos juntos, o bien quedarse con sus nietos cuando alguno de nosotros teníamos algún compromiso. ¡Yo asumí el riesgo que me salieran béticos ante la total disposición y felicidad de mis suegros  a servir de canguros!.

La vida de las personas va cambiando con el paso de los años, unas veces por gusto y la mayoría de ellas por necesidad. Y en ese sentido, tengo que admirar muchísimo a Ricardo, con todas sus limitaciones físicas, cómo tuvo que adaptarse a la nueva vida con su mujer enferma, cómo fue capaz de cuidarla, mimarla, quererla y desvivirse por ella hasta el último de sus días, tomando las decisiones que debía de tomar, alguna de ellas muy dura. Además, en todo momento, manteniendo una actitud positiva y alegre, pese a la situación que en estos últimos años le había tocado vivir.

Si había algo en esta vida que le afectaba, le ponía nervioso, y de lo que no quería hablar era de enfermedades, de hospitales, y yo creo que el sufrimiento que a veces conlleva y, mira por donde, le toca un yerno médico. Y, afortunadamente o desafortunadamente, llegó a conocer todos los hospitales donde yo he ido trabajando: Cádiz, Huelva, Pozoblanco, Osuna y Macarena. Y aunque se quejaba de las revisiones, los controles y exploraciones, siempre me hacía caso, incluso creo que al final le cogió el gusto. Además en todas las ocasiones salió airoso, y ¡curado!, excepto desgraciadamente en ésta última, y cuando menos se lo esperaba.

La muerte es algo que todos sabemos que está ahí, que nos tiene que llegar, pero nadie quiere pensar en ella, y parece que nunca nos va a tocar. Ricardo también pensaba así. Una vez superada y asumida el fallecimiento de su mujer, todos pensábamos que se iba a venir abajo. Nada más lejos de la realidad. Con su carácter jovial y de luchador se tomó estos últimos mese de su vida, como siempre lo había hecho, con buen humor e intentando sacarle todo el partido posible esos momentos que le quedaban por disfrutar.

Pero la vida es muy injusta en muchas ocasiones, y cuando aparentemente mejor se está, llega el final. Y éste llegó el último día del año 2010, cuando todos tenemos en mente el fin de año, con las buenas intenciones para el próximo año, y el deseo de felicidad para todo el  mundo. Si triste para una familia es la muerte de un familiar, peor es que ocurra en estas fechas, pero nadie elige el momento de su muerte. En cualquier caso, si le preguntamos a cualquiera de nosotros cómo nos gustaría morir, contestaríamos que sin sufrimiento, sin dolor, con rapidez y rodeado de la familia. Y así falleció Ricardo, mi suegro.

Desde el punto de vista médico puedo decir que no ha tenido ningún sufrimiento durante sus últimas fatídicas 24 horas, por la prontitud de la atención de la familia, la rápida llegada de la ambulancia que lo trasladó al hospital ¡gracias bomberos!, y el diagnóstico inmediato a su llegada  al hospital, poniéndole las medidas oportunas. Una vez conocido el diagnóstico, y la ausencia de posibilidades de curación se subió a la planta para que pasara las últimas horas rodeado de sus seres queridos. Y así fue. He de decir que fue sorprendente la mejoría y la lucidez que tuvo las últimas horas de su vida. Pidió su ropa, sus zapatos, su radio, pensando que se quedaría unos días en el hospital y después se iría a casa. Gastó bromas con el personal de enfermería, sus amigos (Rosana, Willy, Milagros), hizo proyectos con su familia, y sin saberlo ni darse cuenta, se despidió de todas las personas que lo querían. ¡Lo que ocurrió en esas horas no era más que Ricardo en estado puro!

Su fallecimiento ocurrió a la 1.30 horas del día 31 de diciembre, escuchando “El pelotazo”, probablemente con alguna noticia de su Betis, para unirse con su esposa a la que tanto amaba.

Hasta siempre, Ricardo. Me alegro de haberte conocido

De tu yerno Fco. Javier, 99% sevillista y 1% bético